

El Grupo Hospital Madrid y el Instituto Novartis de Comunicación en Biomedicina dan pautas para disfrutar del verano sin sufrir sus consecuencias
21/07/2008
La exposición solar prolongada produce quemaduras solares que derivan en enrojecimiento, ampollas, necrosis de la epidermis y, en su máxima gravedad, cáncer de piel, melanomas y envejecimiento precoz de la piel. Los fotoprotectores disminuyen el riesgo de quemaduras solares, elegidos en función del fototipo de piel de cada persona, y aplicados en gran cantidad, unos 30 minutos antes de la exposición solar, debiéndose volver a aplicar cada dos horas. En relación con la oftalmología, se recomienda utilizar gafas de sol con filtro homologado, no sumergir la cabeza bajo el agua si se ha sufrido una intervención ocular en las últimas tres semanas, y lavar los ojos con abundante agua ante la entrada en los mismos de cualquier agente externo, entre otros consejos. Estas medidas evitarían la aparición de patologías oftalmológicas tan frecuentes en verano como las conjuntivitis irritativas, bacterianas o víricas, las queratitis o úlceras en portadores de lentillas, o los traumatismos derivados de impactos al realizar actividades deportivas
“La exposición solar prolongada produce quemaduras solares que derivan en enrojecimiento, ampollas, necrosis de la epidermis y, en su máxima gravedad, cáncer de piel, melanomas y envejecimiento precoz de la piel”, debido al efecto de las radiaciones solares que se reciben, “no sólo en la playa, sino también en la montaña y en la nieve, y que se reflejan en ésta y en la arena, atravesando incluso los tejidos y el agua”, explicó la Dra. Prats.
De ahí la necesidad de “utilizar fotoprotectores, que disminuyen el riesgo de quemaduras solares, elegidos en función del fototipo de piel de cada persona -en España los más frecuentes son el II y el III, concretó la dermatóloga- y aplicados en gran cantidad, unos 30 minutos antes de la exposición solar, así como de reaplicarlos cada dos horas”. “Son más peligrosas las exposiciones intermitentes y largas que las escasas y variadas”, insistió la especialista, añadiendo que “ utilizar un fotoprotector no significa que se pueda alargar la exposición al sol”.
Especial cuidado merecen los niños pequeños, en cuyo caso, “los fotoprotectores deben ser de grado más alto, resistentes al agua y a la fricción”, desaconsejándose llevarles a la playa cuando tienen menos de 6 meses, las personas con patologías dermatológicas previas y aquellas con fototipo de piel I (el más claro), añadió la Dra. Prats en esta jornada dirigida a pacientes y organizada con el objetivo de seguir cuidando la salud de éstos también durante las vacaciones.
Igualmente, esta especialista insistió en “la conveniencia de utilizar este tipo de filtros solares, ya sean físicos, que reflejan la luz (indicados en niños menores de 3 años); químicos, cuyo funcionamiento se basa en la absorción de la luz solar; combinados de ambos; o biológicos, que evitan la formación de radicales libres, responsables del envejecimiento precoz de la piel y que suelen administrarse por vía oral, no sólo en la playa, sino también en la montaña, la nieve y cuando, estando en estas localizaciones, se realicen actividades al aire libre”.
Otros consejos dermatológicos destacados por la Dra. Prats fueron no aplicar perfumes ni cremas perfumadas antes de la exposición al sol para evitar reacciones fototóxicas; valorar un consejo dermatológico previo a la misma en personas con factores de riesgo cutáneos; no automedicarse; acudir al dermatólogo ante la aparición de cualquier problema posterior a la exposición solar o ante picaduras de insectos cuyo tamaño aumente o provoque edema o fiebre; y cuidar los pies durante la época estival, manteniéndolos secos después del baño, evitando caminar descalzo por zonas de riesgo y utilizando un calzado cómodo y transpirable.
Recomendaciones oftalmológicas
Igualmente, recomendó “no sumergir la cabeza bajo el agua si se ha sufrido una intervención ocular en las últimas tres semanas, lavar los ojos con abundante agua ante la entrada en los mismos de cualquier agente externo, no automedicarse, utilizar periódicamente colirios lubricantes para aliviar la sensación de sequedad e irritación ocular y usar gafas protectoras con lentes de material orgánico durante la práctica de deportes, especialmente la natación”.
Según explicó la oftalmóloga del Hospital de Madrid Norte Sanchinarro, estas medidas “ evitarían la aparición de patologías oftalmológicas tan frecuentes en verano como las conjuntivitis irritativas, bacterianas o víricas, las queratitis o úlceras en portadores de lentillas, los traumatismos derivados de impactos al realizar actividades deportivas o las pingüéculas, para las que la radiación solar es un factor de riesgo y que, con el tiempo, pueden derivar en ptérigium”.
Asimismo, otros riesgos oftalmológicos más graves cuya prevalencia puede aumentar en el periodo estival son “el ojo seco, las cataratas (la radiación solar continuada lleva a la opacificación del cristalino), la degeneración macular asociada a la edad (DMAE), que implica una pérdida de visión central por pérdida celular del ojo, o los tumores vasocelulares en la zona de la ojera y las metástasis de melanomas”, concluyó la Dra. García.
Máster de Comunicación Científica, Médica y Medioambiental

Organizado por la Universidad Pompeu Fabra con el patrocino del Instituto Novartis de Comunicación en Biomedicina.



